Resumen Ejecutivo
La administración Trump ha convertido al hemisferio occidental y la respuesta a las amenazas que emanan de la región en una prioridad de primer orden para la seguridad nacional. Esto se refleja en la salida del poder del líder del régimen venezolano Nicolás Maduro en enero de 2026, las acciones cinéticas contra pequeñas embarcaciones presuntamente utilizadas para transportar cocaína frente a las costas del Pacífico y el Caribe, la creciente presión sobre el régimen cubano y los nuevos esfuerzos por construir alianzas regionales con líderes afines a la administración estadounidense.
Como señaló la Estrategia de Seguridad Nacional de 2025 de la administración Trump, Estados Unidos debe:
impedir que competidores extrarregionales puedan posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o poseer o controlar activos de importancia estratégica, en nuestro hemisferio […] Los competidores extrarregionales han logrado importantes avances en nuestro hemisferio, tanto para perjudicarnos económicamente en el presente como de formas que podrían perjudicarnos estratégicamente en el futuro. (Estados Unidos de América, 2025)
Sin embargo, la dictadura Ortega-Murillo en Nicaragua, posiblemente el régimen del hemisferio occidental más inequívocamente alineado con los adversarios estratégicos de Estados Unidos, parece haber recibido relativamente poca atención y permanece al margen de los principales debates estratégicos.
Nicaragua representa una amenaza para la seguridad hemisférica porque el régimen Ortega-Murillo ha convertido al país en una plataforma para la proyección de amenazas e influencias negativas rusas, chinas, iraníes e híbridas en América Latina. La evidencia indica que este riesgo trasciende la diplomacia y el alineamiento ideológico. El régimen participa deliberadamente en cooperación militar, desarrollo de infraestructura estratégica, redes de desinformación, vigilancia tecnológica, expansión del sector minero, actividades con riesgos de finanzas ilícitas, migración irregular y represión transnacional para fortalecer su poder, al tiempo que desafía la seguridad estadounidense y regional. El régimen también alberga a terroristas conocidos como Alessio Casimirri, condenado por su participación en el asesinato del ex primer ministro italiano Aldo Moro, y a líderes de las guerrillas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) pertenecientes a grupos disidentes que permanecen en la lista de organizaciones terroristas designadas por el Departamento de Estado de Estados Unidos (Alberto, 2026).
Rusia continúa siendo el socio de seguridad más antiguo y profundamente arraigado del régimen. La influencia de Moscú se manifiesta en la cooperación militar, la capacitación policial, la presencia de personal y embarcaciones rusas, el sistema satelital GLONASS y la coordinación mediática entre los medios estatales rusos y el aparato de comunicación afín a Ortega. En conjunto, estas relaciones reflejan tanto la estrategia rusa como el entorno permisivo proporcionado por el régimen, posicionando a Nicaragua como una plataforma para los intereses de seguridad de Moscú en el hemisferio occidental.
Desde 2021, el régimen Ortega-Murillo ha permitido a China expandir rápidamente su presencia en distintos sectores de Nicaragua. La relación abarca un tratado de libre comercio, la Iniciativa de la Franja y la Ruta, importantes compromisos de préstamos y créditos, el desarrollo de infraestructura crítica con potencial de doble uso, intercambios policiales y concesiones mineras, particularmente en el sector aurífero. Nicaragua se ha convertido en el principal aliado estratégico e ideológico de China en Centroamérica, una relación que beneficia directamente al régimen mediante financiamiento, modernización tecnológica y respaldo diplomático.
La presencia de Irán continúa siendo menor que la de Rusia y China. Sin embargo, Daniel Ortega y Rosario Murillo han convertido a Nicaragua en uno de los socios más confiables de Teherán en el hemisferio occidental, mediante respaldo diplomático y acceso institucional. Además, la convergencia de iniciativas bilaterales en diversos sectores genera canales que podrían ser utilizados durante periodos de mayor tensión entre Estados Unidos e Irán.
Entre 2022 y 2024, Nicaragua demostró su capacidad para explotar vulnerabilidades estadounidenses mediante la migración. El país se convirtió en un importante punto de tránsito para migrantes procedentes de distintas partes del mundo que buscaban llegar a la frontera sur de Estados Unidos. Este corredor se expandió mediante rutas aéreas, terrestres y marítimas orientadas a evitar el Tapón del Darién. La ruta también generó presión política sobre Estados Unidos, al tiempo que proporcionó otra fuente de ingresos al régimen Ortega-Murillo mediante visas, permisos de tránsito y salvoconductos.
El 19 de julio de 2026, el dictador Daniel Ortega afirmó que nunca volverían a celebrarse elecciones en Nicaragua, lo que representó la declaración pública de un régimen de partido único similar a los sistemas de gobierno de Cuba y China. Estados Unidos y Centroamérica deben tratar a Nicaragua como una amenaza prioritaria para la seguridad hemisférica, y no únicamente como una crisis democrática regional. Estados Unidos debería continuar denunciando públicamente el entorno permisivo creado por el régimen y mantener un estrecho seguimiento de la cooperación rusa en materia de seguridad, la presencia económica y de infraestructura china, la instrumentalización del sector minero nicaragüense, el apoyo a Irán durante periodos de mayor tensión entre Washington y Teherán, y el uso de la migración y otras herramientas híbridas por parte del régimen para explotar vulnerabilidades hemisféricas.