Resumen Ejecutivo
La inteligencia artificial (IA) se ha convertido en uno de los principales escenarios de la competencia geopolítica contemporánea. Sus aplicaciones trascienden la innovación productiva y la modernización de los servicios públicos, al incorporar capacidades para transformar las operaciones de influencia política, vigilancia digital y confrontación híbrida. En este contexto, la República Popular China ha desarrollado una estrategia tecnológica que articula objetivos económicos, militares y políticos bajo la conducción del Partido Comunista Chino (PCCh). El presente informe examina la evolución de esta estrategia, sus mecanismos de proyección internacional y las implicaciones que representa para Centroamérica, una región cuyas necesidades de modernización tecnológica contrastan con sus limitadas capacidades institucionales para gobernar las tecnologías que incorpora.
El ascenso chino en materia de IA no constituye un fenómeno reciente ni exclusivamente atribuible al dinamismo de sus empresas tecnológicas. Por el contrario, responde a cuatro décadas de planificación estatal, desde el Programa 863 de 1986 hasta el Plan de Desarrollo de la Nueva Generación de Inteligencia Artificial de 2017, que estableció el objetivo de convertir a China en líder mundial del sector para 2030. Bajo el liderazgo de Xi Jinping, esta trayectoria adquirió una dimensión estratégica más pronunciada mediante la vinculación de la innovación científica con la seguridad nacional, la autosuficiencia tecnológica y la modernización militar. La denominada fusión civil-militar constituye uno de sus principales instrumentos, al integrar las capacidades de universidades, centros de investigación y empresas privadas con las necesidades del Ejército Popular de Liberación.
En esta arquitectura, los llamados campeones nacionales, entre ellos Huawei, Baidu, Alibaba, Tencent y SenseTime, desempeñan funciones que exceden la competencia comercial. Su participación en el desarrollo de infraestructura digital, sistemas de reconocimiento facial, servicios en la nube y procesamiento de datos contribuye a materializar las prioridades del Partido-Estado. La convergencia entre intereses empresariales y objetivos estratégicos dificulta establecer fronteras precisas entre las aplicaciones civiles, gubernamentales y militares de estas tecnologías. Paralelamente, Beijing busca trasladar su influencia al ámbito de la gobernanza internacional de la IA, promoviendo mecanismos multilaterales, estándares tecnológicos y programas de cooperación dirigidos especialmente a los países del Sur Global.
Una de las principales conclusiones del informe es que la IA no constituye, por sí misma, una estrategia de conflicto híbrido, sino un multiplicador de capacidades previamente existentes. Su incorporación permite producir contenidos sintéticos, automatizar campañas de propaganda, analizar audiencias y personalizar mensajes a una escala anteriormente difícil de alcanzar. Los casos documentados en Taiwán, Filipinas, Hong Kong y otros escenarios internacionales muestran aplicaciones que comprenden desde la fabricación de noticias mediante presentadores virtuales y videos manipulados hasta el monitoreo de voces críticas y el hostigamiento transnacional. No obstante, la sofisticación tecnológica no equivale necesariamente a efectividad política, por lo que resulta indispensable distinguir entre las capacidades operativas identificadas y sus impactos efectivamente comprobados.
En América Latina, estas prácticas adquieren expresiones particulares mediante operaciones como Spamouflage, Paperwall y Glass Onion, así como campañas de astroturfing. Aunque sus procedimientos difieren, comparten la intención de amplificar narrativas favorables a Beijing, simular consensos sociales y dificultar la identificación del origen de determinados contenidos. El monitoreo de 1,334 menciones digitales en Panamá, El Salvador y Costa Rica, realizado entre mayo y noviembre de 2024, identificó patrones de repetición y amplificación de mensajes relacionados con China, aunque estos indicios no demuestran, por sí mismos, coordinación encubierta. Por su parte, las operaciones Paperwall y Glass Onion ilustran mecanismos más complejos de influencia informativa mediante la simulación de medios periodísticos y la intermediación de plataformas digitales que confieren apariencia de legitimidad a contenidos propagandísticos.
Para Centroamérica, estas dinámicas convergen con vulnerabilidades estructurales relacionadas con la dependencia tecnológica, la insuficiencia de especialistas y la debilidad de los marcos regulatorios. La creciente participación de empresas chinas en telecomunicaciones, infraestructura digital, capacitación y servicios gubernamentales ofrece oportunidades de modernización, pero también plantea riesgos cuando los Estados carecen de capacidades independientes para auditar sistemas, proteger información sensible o diversificar proveedores. Esta problemática resulta especialmente relevante en contextos de deterioro democrático, donde las tecnologías adquiridas para mejorar la administración pública o la seguridad ciudadana pueden ser utilizadas para ampliar mecanismos de vigilancia y control político.
De cara al periodo 2026–2036, el informe identifica cuatro escenarios posibles: soberanía digital cooperativa, dependencia tecnológica controlada, alineación geopolítica mediante protectorados digitales y apropiación autoritaria de tecnologías. Su materialización dependerá menos del origen nacional de los proveedores que de la capacidad institucional de los países centroamericanos para regular, supervisar y sustituir los sistemas tecnológicos que incorporan.
En consecuencia, se recomienda construir una arquitectura regional de resiliencia democrática y digital basada en la gobernanza anticipatoria de la IA, la protección de datos, la auditoría independiente, la diversificación tecnológica y el fortalecimiento de la alfabetización mediática. La cooperación entre gobiernos, universidades, empresas, medios de comunicación y sociedad civil resulta indispensable para evitar que la modernización profundice dependencias difíciles de revertir. En última instancia, el desafío para Centroamérica no consiste en renunciar a las oportunidades que ofrece la inteligencia artificial, sino en garantizar que su aprovechamiento contribuya al desarrollo sin comprometer la autonomía política, el pluralismo informativo y los derechos ciudadanos. La soberanía digital, desde esta perspectiva, debe entenderse como la capacidad efectiva de decidir sobre la tecnología, antes que como su simple adquisición.